María Esther Morales-Fajardo
Investigadora del CRIM-UNAM, profesora de asignatura FE-UAEMéx
correo: moralesf@crim.unam.mx
Introducción
En el marco de la incertidumbre global provocada por las diferentes medidas que ha ocasionado el gobierno estadounidense en 2025, así como las debilidades del proceso de integración regional en América Latina, la participación de las dos economías más importantes de la región es fundamental para fortalecer no solo la posición comercial de Brasil y México, sino en beneficio del resto de las naciones latinoamericanas.
A pesar de su potencial, la relación bilateral comercial ha estado marcada por una senda de competencia y desencuentros, determinados por sus diferentes modelos de inserción global desde los procesos de apertura económica consolidados en la última década del siglo XXI. Brasil optó por una proyección global, colocando como base su integración en el Mercosur y la importancia de los mercados latinoamericanos; mientras que la economía mexicana inició una institucionalización comercial con los Estados Unidos, a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) y el alejamiento de los procesos de integración regional con América Latina.
Este estudio busca entender cómo los acuerdos comerciales y las políticas económicas han moldeado esta dinámica, así como identificar áreas de complementariedad que podrían fortalecer la cooperación regional. El objetivo del documento es, por tanto, analizar la relación bilateral comercial entre Brasil y México, las dos economías latinoamericanas más grandes, destacando sus tensiones, oportunidades en el contexto de la incertidumbre global.
El documento está integrado de tres apartados. El primero describe los antecedentes y la evolución del comercio bilaterales desde finales del siglo XX, destacando los dos instrumentos comerciales que determinan la relación bilateral. El segundo señala la coyuntura y las incertidumbres del comercio global, así como el futuro del intercambio Brasil y México. Finalmente, las conclusiones del documento.
Antecedentes y evolución del comercio
Desde finales del siglo XX y con la apertura de las economías, Brasil y México adoptaron estrategias económicas divergentes: Brasil consolidó su liderazgo regional y su proyección como global trader a través de su inserción en el Mercosur, mientras que México priorizó su relación con Estados Unidos mediante el TLCAN y su distanciamiento con las naciones latinoamericanas. Estas diferencias generaron tensiones, como la denuncia brasileña al incumplimiento mexicano de la cláusula de la nación más favorecida en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) y la no renovación del Acuerdo Parcial (AP). Esta última debido a la negativa de la Confederación Nacional de la Industria (CNI) brasileña, quien acusaba una mejor posición comercial de México en el TLCAN y los nuevos acuerdos negociados con el resto de los países del Mercosur.
La finalización del AP 9 reflejó un mayor protagonismo de los empresarios brasileños y la indiferencia de los mexicanos, estos últimos con una mejor posición en el mercado estadounidense. Por tanto, la relación comercial estuvo determinada por la Preferencia Arancelaria Regional (PAR) de ALADI, instrumento que impidió que el intercambio comercial se detuviera. La PAR fue uno de los instrumentos comerciales diseñados en el marco de ALADI justamente para prever estos casos de distanciamiento entre los integrantes.
Sin embargo, pese a la ausencia de un instrumento institucional que rigiera la relación comercial bilateral durante los últimos años de la década de 1990, las exportaciones brasileñas a México crecieron, lo cual empujó a los empresarios y a los gobiernos a volver a reunirse para negociar un nuevo acuerdo. A partir del año 2002, Brasil y el Mercosur alcanzaron nuevos instrumentos para el intercambio comercial con México: los Acuerdos de Complementación Económica (ACE) 53 con Brasil y 54 y 55 entre el bloque sudamericano de integración y México; todos ellos en el marco de ALADI.
En el caso de la relación bilateral, los ACE 53 y 55 marcaron un hito en el comercio de estos países, especialmente del sector automotriz. El primero es un acuerdo que incorpora muy pocas mercancías de lo que representa todo el universo arancelario entre ambos países; para Brasil es un instrumento que beneficia a sus exportaciones de materias primas y manufacturas básicas pero que contine importantes espacios de mejora, tales como los bienes agroindustriales, el equipo farmacéutico y materiales de curación y las inversiones. Mientras que el ACE 55 hace énfasis en el sector automotriz: automóviles ligeros, pesados, equipo, maquinaria y autopartes. México aprovecha sus ventajas para comercializar con la economía sudamericana productos automotrices y manufacturados.
Pese a estos dos instrumentos, los saldos comerciales entre los dos países son muy pequeños porque ni siquiera alcanzan los $16 mil millones de dólares (mdd) de acuerdo con la Secretaría de Economía de México (2025) o los $13 mil mdd, con base en los registros del Ministerio de desarrollo, industria, comercio y servicios (MDIC) de Brasil (2025).
Además del escaso universo arancelario del ACE 53, otro factor que influyó en estas bajas cifras del comercio fue que el ACE 55 estuvo determinado hasta el 2023 por el intercambio de cuotas en el sector automotriz. En 2011 cuando se preveía el libre comercio en este sector, Brasil llevó a México a la mesa de negociaciones para impedir esta liberalización porque afectaba al superávit que registraba la economía brasileña. En aquel momento, los negociadores brasileños acusaron la fortaleza del real brasileño, que dañaba las exportaciones de Brasil hacia México, así como la negociación previa con Argentina que mejoraba el intercambio en detrimento del brasileño. Mientras que los negociadores mexicanos, acostumbrados al libre comercio, apostaban por la finalización del esquema de cuotas para poner en práctica su experiencia librecambista
Entre 2011 y 2023, Brasil incrementó las cuotas, luego trasformado en porcentajes, así como el contenido regional en los bienes automotrices y de autopartes. Por ejemplo, en la renegociación de 2015 se modificaron las cuotas en $1.56 mdd para 2016, $1.60 mdd en 2017, $1.65 mdd en 2018 y $1.70 mdd en 2019 para alcanzar el libre comercio en marzo de 2019. Además de un incremento en el contenido regional en 35% a partir de 2015-2019 y, una vez en libre comercio, el aumento al 40% (SICE 2015). Mientras que la última renegociación de 2020, establecieron preferencias arancelarias del 20% en 2020, 40% en 2021, 70% en 2022 y 100% en 2023 pero con un incremento del contenido regional del 40% desde el inicio (Gobierno de México 2020).
Para 2023, el ACE 55 finalmente alcanzó el libre comercio en el sector automotriz y México estableció el paquete contra la inflación y la carestía (PACIC). Estas medidas son una buena noticia para ambos países y han reforzado las condiciones de la relación comercial, porque derrumba el mito del proteccionismo brasileño y la negativa ante el libre comercio, además de que el PACIC mejora las condiciones de venta de importantes productos agropecuarios brasileños en la economía mexicana, sin afectar a los productores mexicanos (como la carne de pollo).
El incierto futuro comercial y la coyuntura global
A pesar de la liberalización comercial en el sector automotor y de autopartes, el universo arancelario que se maneja en el ACE 53 es muy reducido, por tanto y como se mencionó, las cifras del intercambio son reducidas para el tamaño que representan estos mercados latinoamericanos.
Por otro lado, existen importantes desafíos para Brasil y México ante el actual panorama global de incertidumbre debido a las condiciones que impone el gobierno de los Estados Unidos. El primero por una mayor cercanía con los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y por una defensa de los intereses nacionales en voz del propio mandatario. Es importante mencionar que, para 2024, el valor del comercio de Brasil con los Estados Unidos representó poco más de $80 mil mdd, además de una inversión extranjera directa (IED) estadounidense de casi $8.5 mil mdd. Mientras que valor del comercio de Brasil con China fue de $158 mil mdd y su IED fue de más de $300 mdd (MDIC 2025).
Para México, las condiciones son más complicadas puesto que es el principal socio comercial de la economía estadounidense: el valor del comercio con aquel país en 2024 fue de más de $750 mil mdd y la IED alcanzó los $16 mil mdd. En tanto que el comercio con China fue de $130 mil mdd y la inversión de $700 mdd (SE 2025).
Las duras condiciones para las negociaciones comerciales y los aranceles unilaterales que imponen los Estados Unidos provocan que ambos países establezcan planes alternativos para sobrellevar esta coyuntura. En este contexto surge la posibilidad de mejorar las condiciones de comercio entre Brasil y México: lograr un acuerdo integral amplio y de libre comercio en el marco de ALADI que aproveche las oportunidades no solo en el sector automotriz, agroindustrial y farmacéutico, sino en todos los sectores productivos.
En el mes de agosto de 2025, actores gubernamentales de ambos gobiernos han enfatizado en el acercamiento para mejorar las actuales condiciones de intercambio. En lo que se dibuja como una negociación de bajo perfil, sin aspavientos y con la discreción necesaria para no despertar el interés de ninguna potencia económica, los gobiernos del presidente Lula y la presidenta Sheinbaum dan muestras de alcanzar un acuerdo integral. Los puentes que acercan a ambos países no son solo la coyuntura global, ni la afinidad ideológica, sino la planeación industrial de estas dos naciones.
El Plan Nova Indústria y el Plan México contienen sectores productivos e industrias específicas que coinciden y podrían potencializar la actividad económica de los dos países, en caso de encontrar un verdadero esfuerzo de coordinación industrial, dejando de lado la visión competitiva que por décadas ha estado presente. Industrias como los semiconductores, dispositivos médicos, farmacéuticos, vacunas, baterías eléctricas, agroindustriales, como maquinaria, biofertilizantes y bio combustibles, industria aeroespacial, además de la industria automotriz, autopartes y electromovilidad son señaladas como esenciales para la industrialización de los dos países. Más aún, ambos gobiernos coinciden en la formación de programas de formación técnica como insumo para el capital humano de alto nivel que requieren los planes de industrialización (MDIC 2025B, Gobierno de México 2025). La oportunidad para la conjunción y trabajo cooperativo entre universidades públicas estatales y federales, institutos tecnológicos y centros de investigación es única para desarrollar un espacio de cooperación e internacionalización académica e intercambio de alto nivel.
Asimismo, otra ventaja reside en la atracción de inversiones recíprocas en algunos de estos sectores prioritarios, por ejemplo, el farmacéutico y el agroindustrial. Ciertamente, la mayor parte de las empresas líderes en ambos países son de capital extranjero, lo cual ha complicado los procesos de industrialización en estas economías latinoamericanas. Los planes de Brasil y México tienen como objetivo la industrialización con la participación de inversión extranjera directa, pero también de pequeñas y medianas empresas nacionales. Más que un plan de nacionalización de industrias es una apuesta por la producción a nivel nacional para evitar las importaciones que podrían realizarse en territorio nacional.
Conclusiones
Los desafíos globales que han impuesto el gobierno del presidente Trump y la presencia de China en el comercio, paradójicamente representan un puente de encuentro para Brasil y México. Aunque el comercio bilateral es marginal para ambas economías (menos del 3% de su comercio total), la complementariedad es visible, más aún con los esfuerzos por reindustrializar a estas naciones.
El tamaño de los mercados brasileño y mexicano, pero, sobre todo, sus sociedades merecen un mejor entendimiento mutuo. Es ahí donde reside el mayor reto de los gobiernos, el encuentro de los estos países y la socialización de lo que representan. El puente y la oportunidad están tendidas para que los actuales gobiernos los aprovechen.
Referencias
Gobierno de México. (2020). Séptimo Protocolo Adicional al Apéndice II “Sobre el Comercio en el Sector Automotor entre Brasil y México”. Diario Oficial de la Federación, https://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5602072&fecha=07/10/2020#gsc.tab=0.
Gobierno de México. (2025). Plan México. Estrategia de desarrollo económico equitativo y sustentable para la prosperidad compartida. Primer Borrador. México: Gobierno de México.
Ministerio de industria, comercio exterior y servicios. (2025). Estadísticas de comercio exterior: Exportación/importación. Base de dados do comércio exterior brasileiro. 3 de marzo de 2023. http://comexstat.mdic.gov.br/es/geral/80377.
Ministério do Desenvolvimento, Indústria, Comércio e Serviços. (2025).
Nova indústria Brasil – Nova indústria Brasil – forte, transformadora e sustentável : Plano de Ação para a Neoindustrialização 2024-2026 / Ministério do Desenvolvimento, Indústria, Comércio e Serviços, Conselho Nacional de Desenvolvimento Industrial (CNDI), 1a edição, revisada e atualizada. — Brasília : CNDI, MDIC. 110p
Secretaría de Economía/Gobierno de México. (2025) Exportaciones Importaciones totales de México. México. www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/81864/Acum-Importa.pdf.
SICE. (2015). Quinto Protocolo Adicional al Apéndice II “Sobre el Comercio en el Sector Automotor entre Brasil y México”. Acuerdos. Estados Unidos: SICE. http://www.sice.oas.org/Trade/MERCOSURMexACE55/Protocols/VProt_ApenII_s.asp.
