CELAC: de la convergencia a la parálisis

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En funcionamiento desde 2011 dado el contexto favorable de convergencia política, la Comunidad de Estados Latinoamericanos (CELAC) fue catalogada como unos de los principales logros regionales debido a la participación de 33 países del continente, con la excepción de Estados Unidos y Canadá.

Mecanismo de diálogo y concertación política, articulador sobre la base del consenso, plataforma facilitadora para la mayor presencia de la región en el mundo y espacio para enfrentar desafíos comunes resultan los objetivos de este foro regional sumido hoy en una profunda fractura ideológica.

Y es que la situación venezolana se convirtió en un divisor regional derivando en la parálisis de los trabajos del mecanismo de concertación desde hace dos años. La suspensión de reuniones sectoriales y ministeriales preludió la suspensión de la VI Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la CELAC, la cual debía ser celebrada en enero de 2018, cumbres celebradas ininterrumpidamente hasta ese momento. En cambio, se produjo la XV Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores en Nueva York durante el 72 periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, espacio donde la preocupación prioritaria resultó la relación con los socios extrarregionales, particularmente la Unión Europea tras la postergación de la III Cumbre CELAC-UE prevista para octubre de 2017 en San Salvador.

La diatriba política e ideológica en el mecanismo, si bien no exclusivo de ella, está definida entre el Grupo de Lima y Venezuela –así como los países que apoyan esta última. El Grupo de Lima, de cuya Declaración son firmantes 12 países latinoamericanos, ha reiterado la “condena a la ruptura del orden democrático en Venezuela” a la par que ha apoyado la suspensión de este país por parte de Mercosur, se ha negado a apoyar las candidaturas venezolanas en organizaciones internacionales y por cuyo pedido expreso de Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú debió aplazarse la III Cumbre CELAC-UE.

La parálisis de la CELAC conllevó, además, a la prórroga por un año de la Presidencia Pro Témpore de El Salvador, la cual solo fue asumida por Bolivia el 14 de enero de 2019. En tal sentido, la PPT boliviana tiene el reto de conciliar soluciones a la fractura interna de su membresía, así como dar continuidad a los diálogos de la región en sus relaciones con la UE, China, Corea, la India, Japón, Rusia y Turquía y la concertación al interior de la Organización de Naciones Unidas y otros mecanismos internacionales

El primero de estos retos, distante hoy debido a la continuidad de la crisis venezolana, la más reciente situación nicaragüense y a la propia mudanza del mapa de gobiernos de la región y en consecuencia de sus prioridades de política externas; así como por la capacidad paralizante dentro del mecanismo del Grupo de Lima, el cual representa un tercio de la membresía de la CELAC. El segundo desafío, si bien plausible y donde convergen las mayores voluntades políticas de la región e intereses de los socios extrarregionales, aún deberá recorrer el camino de la solución de las divergencias que impiden la “única voz” como pretensión constitutiva dela CELAC en el contexto de reconfiguración regional.


Sobre a autora

Milagro Mengana é doutoranda em Relações Internacionais pelo Programa de Pós-Graduação San Tiago Dantas, mestra em Relações Internacionais pelo ISRI (Cuba) e mestra estre em Direito Penal pela UO (Cuba).

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